Hace un poco de tiempo escribí sobre lo que suponen los constantes viajes y me centraba en el hecho de los continuos desplazamientos.
Pero esta actividad propia de “nómada” alcanza también al trato con las personas, y también lo pensaba hace poco en otro de los muchos viajes en automóvil.
Cuando se realiza una auditoría y una vez roto el hielo, cosa que entiendo básica para que el trabajo para el que se acude sea útil y aporte valor, se interactúa con personas, ya sean trabajadores sin implicación directa en prevención de riesgos laborales, mandos intermedios, directivos y, sobre todo, con los responsables de prevención de riesgos laborales en la empresa auditada.
Y, como en todas las relaciones humanas, con unas personas se tiene una buena conexión, con otras no pasa de lo estrictamente profesional y con unas pocas se establece una conexión que puede llegar incluso a mayor profundidad en lo personal.
Eso sí, al igual que los viajes, son relaciones personales puntuales en las se llega a profundizar lo que el tiempo permite…también aquí se sobrevuela…
En el transcurso de una auditoría siempre hay ratos en los que no se habla de prevención de riesgos laborales; algún breve descanso, la hora de comer o el traslado -si es el caso- entre centros de la empresa son ejemplos de estos momentos.
En estos espacios de tiempo se habla con las personas en un tono más distendido y de asuntos de lo más diverso; es a través de los cuales cuando uno se da a conocer desde otro punto de vista y te da la ocasión de saber un poco de las personas con las que estás trabajando.
Recuerdo multitud de temas de conversación así como el pensamiento de haber deseado tener más tiempo para profundizar y para seguir aprendiendo…porque de todas las personas y momentos se aprende, pero casi siempre uno se tiene que marchar demasiado rápido de determinados lugares.
Y de esto último el auditor, como persona, adquiere una especial riqueza personal y humana sobre muchísimos asuntos, tipos humanos, formas de vida, y un larguísimo etcétera.
En general, saco una conclusión, que las personas que se dedican a la prevención de riesgos laborales porque así lo decidieron tienen un barniz especial que les hace ser merecedores de todo reconocimiento personal y profesional, nuestra profesión tiene un fin humano como no lo tienen demasiadas y esto se hace con gusto si se tiene ese barniz especial.
En algunas ocasiones se produje una sintonía especial con las personas con las que uno se relaciona, es inevitable que el auditor, como persona que es, se sienta más o menos identificado con algunas vivencias o más interesado en unos asuntos que en otros.
Y en esos casos, si la sensación o sintonía es recíproca, surge una relación o nace un hilo que puede ir más allá de lo profesional y del que hay que estar pendiente porque así se quiere y hace que, cuando nos encontremos en algún foro profesional o se repita la auditoría, hay mucho que contar…digamos que hay que ponerse casi al día.
Son relaciones a conservar independientemente de lo que suceda con el tiempo con la relación profesional. Me vienen a la cabeza algunas personas por distintas zonas del territorio nacional; nunca sabes dónde va a saltar ese hilo pero si es claro que hasta interesa estar predispuesto o los ojos bien abiertos, pues no dejará de tener un gran valor personal. Y tener diversos hilos por distintas partes del país resulta de lo más enriquecedor y agradable.
Y tampoco hay que circunscribirlo a la auditoría, en el desarrollo del “nomadeo” se hace más cosas que auditar y se interactúa con muchas personas y con algunas también se terminan creando hilos a conservar.
Es de bien nacido ser agradecido, o eso me enseñaron de pequeño, y no puedo menos que agradecer a todas las personas con las que he interactuado, interactúo e interactuaré mientras voy de un lado a otro por todo lo bueno que me transmiten y, especialmente, a los que están detrás de esos hilos que pretendo conservar vivos. Todo ello forma parte de mi historia personal.