Como siempre digo, una elevada cantidad de horas en un coche da para pensar, incluso es hasta una fuente de inspiración…
A veces vas escuchando la radio, hablando por teléfono (con manos libres, y aún así no me parece algo muy preventivo) o entreteniéndote con música.
Así que un rato de los muchos que transcurren haciendo kilómetros escuchando música, me dio por pensar y, al final, concluir que había ciertos paralelismos entre nuestra prevención de riesgos laborales y la música, más allá de amigos prevencionistas que practican el noble arte de la música y tocan instrumentos como la guitarra -me vienen a la cabeza algunos compañeros de profesión- o, también y por ejemplo, el acordeón, donde me acuerdo de un amigo y colega que lo toca con pasión.
Pero, además de este paralelismo que se da en todas las profesiones, creo que en la prevención podemos llegar más allá. Y me explico.
Siempre he pensado que en relación a la música hay tres tipos de personas.
Primero las que son capaces de escribirla y hacer sentir a las demás personas, ya sea con la melodía, con las letras o con la conjunción de ambas. Luego están las que son capaces de sentirla, comprender al autor y emocionarse con lo que escuchan, viven la música. Después, creo que están las que oyen música y realizan movimientos rítmicos, con mejor o peor acierto, en base a la melodía o lo que estén oyendo. Y, finalmente, están los que no se mueven, a los que no les gusta la música y permanecen indiferentes ante lo que escuchan, casi independientemente de lo que sea.
Si vinculamos esta división de personas a la prevención de riesgos laborales, podemos llegar a una conclusión parecida.
Primero están las personas que desarrollan ideas de gestión y procesos, herramientas o útiles más seguros o que contribuyen a que trabajar suponga cada vez menor fuente de riesgo, programas de formación y concienciación de trabajadores y mandos, herramientas informáticas que agilizan el trabajo en prevención de riesgos laborales, etc. Estos son los creadores de música para la prevención de riesgos laborales.
Si seguimos con la comparativa, luego vienen las personas que buscan lo que han creado “los músicos”, lo entienden y lo aplican a sus empresas y entornos de trabajo. Aquí hay técnicos de prevención, mandos de todo nivel, delegados de prevención e, incluso, trabajadores de base. Son los que se toman en serio la prevención de riesgos laborales y tratan de aplicarla, están convencidos de que no se puede trabajar sin las debidas condiciones de seguridad y que hay que avanzar sin pausa en ello. Son las personas que viven la música en el ejemplo anterior.
Luego, nos encontramos con personas permeables a lo que oyen y se les cuenta y poco a poco tienen comportamientos seguros convenciéndose de que es su propia integridad la que está en juego. No aportan, pero acatan y asumen comportamientos seguros. Son los que escuchan la música y se mueven al ritmo de la misma e igualmente con mejor o peor acierto. Aquí es importante cómo se comunica, como suena nuestra música de prevención de riesgos laborales.
Y finalmente, lo difícil. Hay que conseguir que bailen todos. Que, como mínimo, las personas que no hacen caso, que no tienen comportamientos seguros o no facilitan ni empujan que se tengan dichos comportamientos inseguros o imprudentes, los que anteponen acciones menos preventivas por prisa, comodidad, etc, vayan asumiendo otro tipo de comportamientos; son las personas, a todo nivel de las organizaciones, los que necesitan más empuje con la concienciación y donde es necesario encontrar la música que le toca a cada uno y comunicar de un modo más efectivo.
¿Qué tal si, como mínimo, nos ponemos todos a bailar?