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LA IMAGEN DEL AUDITOR. UN CAMBIO CON LOS TIEMPOS

En unos de los muchos y largos viajes por el país, me vino a la cabeza la indumentaria del auditor y cómo ha cambiado este particular.

Los tiempos han evolucionado y la vestimenta de las personas, en general, también ha cambiado y, en mi opinión, sensiblemente.

Ahora el estilo suele ser más desenfadado e informal, incluso pienso que -en general- aunque otorgamos mayor importancia al aspecto físico, se admite cualquier tipo de imagen, la diversidad también está en este particular-. Esto, como no puede ser de otra manera, ha influido también en la imagen que lleva el auditor cuando se presenta en una empresa.

Hace unos años el “uniforme” de trabajo de auditor era, si es un varón como es mi caso, traje clásico y corbata y se tenía interiorizado que esta vestimenta era casi obligatoria, era lo que el cliente esperaba de uno y con lo que, por tanto, uno se sentía cómodo. Ir de otra manera era impensable, incluso arriesgado…

¡Hasta tenías que pedir permiso y disculparte si hacía calor y era recomendable quitarse la corbata!…se tenía una sensación parecida a la desnudez, eso sí, cuando uno no ha de estar desnudo, si me permiten.

Si me dicen hace unos años, y no demasiados pues el cambio ha sido rápido, que la corbata pasaría a ser algo anacrónico, algo que te hace muy distinto hasta en sentido negativo, pues parece añejo y fuera de tiempo, que podría ir a auditar en pantalón vaquero y una cazadora, he de confesar que no lo hubiera creído y hubiera dicho el clásico: ¡Anda ya, flipas!. Y en muy poco tiempo, la corbata ha pasado al ostracismo, al fondo del armario.

Les confieso que, en ocasiones, llevo una corbata en el bolsillo cuando acudo a algún acto o evento y me fijo en el número de personas que llevan una corbata puesta…y si hay un número respetable, me la pongo y, de lo contrario, no. Es decir, me mimetizo con el entorno.

Hay otro punto de vista en relación a la vestimenta del auditor y relacionada justamente con lo de mimetizarse con los interlocutores, aunque en esta ocasión se pueda vincular de manera clara con la actividad profesional.

Pensemos, el objetivo fundamental del auditor es recabar información de las personas con las que tomará contacto y, ello, con el fin de valorar un sistema o una acción concreta, en mi caso la gestión en prevención de riesgos laborales.

Una imagen demasiado formal -por ejemplo, el clásico traje y corbata mencionados- en una empresa en la que el estilo es desenfadado por que hay mucha gente joven o el sector de actividad invita a ello -no es lo mismo ir a una entidad bancaria que una empresa que crea contenido audiovisual-, crearía una barrera que dificultaría el trabajo del auditor, generaría menos confianza ya que se distingue de una manera muy clara al auditor y añade un componente de enorme seriedad que podría generar hasta rechazo…le pone al auditor muy difícil romper el hielo, acción que considero imprescindible al inicio de los trabajos, como pensaba el otro día.

Esto alcanza a cada fase del proceso de auditoría, la vestimenta es posible que tenga que ser distinta si vas a tener contacto con los trabajadores de base que si las reuniones del día lo serán con directivos…aunque, a decir verdad, cada vez hay menos diferencia en la vestimenta entre los distintos niveles jerárquicos de una empresa; esto supone otro cambio vinculado a lo que se comentaba al inicio de estas líneas.

La verdad, esto complica la preparación de la Auditoría, ¡antes era más fácil!, al menos para mí.

Ahora hay que preparar las entrevistas, planificar los trabajos y, además, pensar que vestimenta es la adecuada en cada momento. Hace años, traje y corbata para todos, pues era lo esperable, el uniforme; pero la cosa cambió y, para los que somos un poco desastres en este tema, nos ha supuesto el esfuerzo de analizar la ropa adecuada, combinaciones de colores, etc…lo que, en mi caso y con frecuencia, me hace pedir ayuda y explicar a un tercero o tercera a dónde voy a ir para no “meter la pata” y mimetizarme debidamente. Ya voy aprendiendo…pero aún tengo que provocar interrogatorios con cuestiones que debo contestar: ¿a qué se dedica esa empresa?, ¿con quién hablarás mañana?, ¿hay mucha gente joven? y otras más…

En resumen, ahora voy mucho más cómodo a auditar pero tengo que pensar mucho más que debo ponerme…y no siempre acierto, o eso me parece.

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