Desde luego, y estaremos de acuerdo, que antes de comenzar un proyecto -independientemente del volumen y trayectoria en el tiempo- hay que definir objetivos, para qué se emprende y a dónde se quiere llegar.
Obviamente, una vez definido el objetivo, se debe definir un camino, los pasos que hay que ir dando, los recursos de todo tipo que se precisan…
Hace muchos años que decidí emprender, lo he hecho varias veces y lo primero siempre ha sido un papel en blanco definiendo objetivos y, después, el camino y los recursos.
Han pasado años desde la primera vez que me vi en esa situación y, desde la experiencia, por lo que he hecho, por lo que visto y lo que he aprendido, igual puedo lanzar unas ideas sobre este proceso.
El Objetivo ha de ser claro e inamovible, hay que ir a por ello sin fisuras ni contemplaciones.
El porqué se hace no se debe basar únicamente en la búsqueda de dinero ni valorar únicamente resultados en función de lo que se ha obtenido en términos económicos, que también, pero hay aspectos vitales que enriquecen en lo personal y no se pueden valorar en términos económicos. Por ello, perseguir dinero no puede ser en sí mismo un objetivo; si el proyecto nos llena, y somos capaces de realizarlo lo mejor que sepamos transmitiendo ilusión a quién nos escuche, seguro que lo económico llegará en mayor o menor medida, pero el camino habrá sido rico y satisfactorio…igual nos habrá hecho felices, ¿es eso un éxito o, al menos, parte del mismo?
Los compañeros de viaje siempre son un elemento fundamental. Ya sean socios, colaboradores externos o trabajadores que se suman a cualquier proyecto son una parte fundamental y en los que siempre he valorado, y normalmente conseguido rodearme o rodearles, la coherencia, la claridad y la coincidencia de objetivos con el proyecto. Con eso, y las necesarias aptitudes profesionales, todos han aportado a los proyectos emprendidos, en común o personales.
La confianza en lo que uno hace y el esfuerzo que exige arrancar y mantener proyectos es primordial y necesario; sin ello, no llegaremos. He visto estupendas ideas, expuestas con ilusión desbordante que luego se han quedado en el camino porque no se ha empujado día a día. Hay días, y muchos, en los que no hay fuerzas, que no salen las ideas, que la ilusión se cae; pero es imprescindible seguir, avanzar y seguir confiando en los que nos marcamos al inicio de nuestro proyecto; hacer lo que no nos apetece para nada, eso es esfuerzo. Igualmente, he visto triunfar proyectos no muy brillantes pero en los que sus promotores confiaron y no desfallecieron en ningún momento; el valor de la confianza y el esfuerzo siempre resulta incalculable.
Cuando iniciamos un proyecto y diseñamos caminos, siempre aparecen numerosos “opinadores” amigos o no tan amigos. He oído numerosas veces opiniones negativas de los proyectos emprendidos o por emprender, y he tenido la sensación de ir a contracorriente, de luchar contra quimeras…que, al final, no resultaron serlo. Desde luego, es muy difícil que haya proyecto fácil, pero si bien el objetivo ha de ser inamovible, el camino no lo es y, frecuentemente, hay que redibujarlo y con constancia, esfuerzo y los ojos bien abiertos, se puede llegar a hacer realidad lo que se calificó como quimera.
El camino tendrá numerosas piedras, giros que exija el desarrollo, situaciones que generarán desasosiego, cometeremos mil errores, tendremos innumerables reuniones fallidas, incluso toparemos con personas a las que no querríamos ver más por su trato o comentarios y a las que nunca se debe contestar de mal tono…pues nunca se sabe las vueltas que trae la vida, mejor mirar hacia otro lado en algunas ocasiones y hasta parecer tonto…pero también es muy agradable que una de esas personas se acerque con el tiempo -cuando tu proyecto da frutos- y pida volver a estudiar cualquier tipo de colaboración, lo que se ha de hacer sin rencor pero ya con otra situación.
Pero también el camino aporta muchísimas satisfacciones; cuando miras atrás y ves el camino recorrido, cuando alcanzas metas o hitos que casi ni pensabas poder alcanzar…En ese momento, se respira hondo, se sonríe y se sigue adelante, el ego -bien entendido- también tiene su importancia e influye en el nivel de gasolina que uno tenga.
Los recursos económicos necesarios, depende del proyecto, tienen más o menos importancia o relevancia. Muchas veces, tiene más peso todo lo anterior y el tener más o menos recursos solamente puede llegar a suponer alcanzar el objetivo un poco antes o un poco después. Así que a cada cosa su valor…
¿Y una vez alcanzado el objetivo? Un proyecto, sin duda, es algo vivo y, por tanto, siempre hay que estar definiendo objetivos. Conforme se va alcanzando uno, lo que se va viendo de lejos, ya hay que estar pensando en el siguiente…alguna vez he escuchado que alguien me decía: ¿Otra quimera? Y otra vez se volvió a convertir en realidad otro objetivo… Poco a poco llegué a la conclusión de que apenas hay quimeras y que, ahí va una frase hecha, si nos proponemos de verdad las cosas, se alcanzan.
También es verdad que los objetivos cambian con los años que uno va cumpliendo y la experiencia que se va adquiriendo. Los objetivos de joven suelen ir mucho más a largo plazo y dicho plazo va disminuyendo con los años; además, cuando uno es más joven, los objetivos giran alrededor de uno mismo y conforme pasan los años, los objetivos suelen implicar a las personas que vienen detrás de uno…supongo que los que son padres o madres me entenderán perfectamente.