Esta web tiene el objetivo de conjugar la experiencia profesional con la personal, a veces difícil de separar y, en este sentido, se trasladan experiencias y pensamientos de índole más personal de los que conlleva el trabajo profesional en prevención de riesgos laborales, aunque esta disciplina tiene unas connotaciones muy ligadas a lo humano.
Y con este marco, me encontré con una enseñanza vital que me ayudó a avanzar en el camino de la necesaria tolerancia.
Vivimos tiempos de polarización en un sentido muy amplio, político, económico, geográfico, religioso…; esta polarización llega hasta la oposición entre edades, jóvenes contra menos jóvenes y viceversa, olvidándonos de que tenemos un espacio común y del sentido colectivo que debería presidir nuestros actos y dirección.
Es difícil abstraerse de esta lucha y he de reconocer que cierta intolerancia y generalización hacia las actitudes de los más jóvenes estaba creciendo un tanto dentro de mí…me resistía a los prejuicios, pero no me resultaba fácil.
Cuando uno va cumpliendo años, es sencillo caer en la comparativa de “nuestros años” con los actuales y es igualmente sencillo que en dicha comparativa “nuestros años” salgan ganando y adquiramos una visión parcialmente negativa de los tiempos actuales y de las personas que están dando sus primeros pasos, en este caso profesionales, en los mismos.
Seguro que las personas de mi generación nos reconocemos más de una vez diciendo cosas, por ejemplo, como “el mundo ha cambiado para mal, la gente joven está demasiado acomodada y solamente piensa en pasarlo bien o antes éramos más responsables y teníamos más principios y un largo etcétera.
Es cierto que el estado de nuestro mundo es preocupante y deberían de cambiar muchas cosas, pero también es cierto que el mundo hoy es de otra manera y los jóvenes se han encontrado las consecuencias de lo que hemos hecho los que llevamos más tiempo andando por aquí.
Recientemente, he acudido a auditar una Empresa donde me he dado cuenta de que esta actitud de avance en la intolerancia que estaba adquiriendo poco a poco es un error al que nuestra sociedad nos está empujando con el avance de todo tipo de polarización. Me he encontrado con una lección que me ha hecho retroceder en mis pensamientos y ha ayudado a entender algo mejor el mundo en el que vivo.
Una pregunta que suelo hacer en el proceso de auditoría es la edad media que tiene la Empresa, por aquello de ver la necesidad de gestión del envejecimiento y su influencia en la prevención de riesgos laborales.
En este caso, me contestaron y evidenciaron que la edad media no llegaba a los 30 años en la totalidad de los departamentos de la Organización, incluso la Dirección General la ocupaba una persona muy joven.
Cuando pregunté esto, ya había entrevistado a algunas personas y tenía un buen criterio de los procesos y profesionalidad de las personas entrevistadas y habiendo supuesto, equivocadamente, una edad superior por lo que oía y me explicaban.
Desde luego, confundimos la forma de hacer las cosas con una mayor o menor profesionalidad en función casi de cuándo hayamos nacido y cómo hayamos crecido profesionalmente; es decir, si lo que nos explican se ajusta más o menos a nuestra forma de entender. Y es necesario entender que hoy, debido a los medios al alcance y la forma de entender el mundo y la vida, las cosas se hacen de otra manera sin menoscabo del buen hacer y la profesionalidad.
Y así me lo han demostrado y, de este modo, me han hecho crecer al entender de manera clara y con evidencias -término que usamos mucho los auditores- que hay muchas formas de hacer las cosas, que lo de antes no es tanto de aplicación hoy y que es necesario adaptarse a los tiempos que se viven, independientemente de la edad que tengamos.
Mi trabajo, de nómada por todo el país y tratando con todo tipo de Empresas, me ayuda a esto y me jacto de no estar alejado de los tiempos de hoy; pero siempre viene bien un baño de realidad y en la pasada semana una Empresa de Barcelona y su gente joven me lo ha dado. ¡GRACIAS por el empujón “despolarizante”!